La Clave del Apocalipsis

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1. Después de la caída

1.1. La Restauración: Nuevo Cielo y Nueva Tierra

Después de la caída definitiva de la Bestia, Dios inaugura una nueva era en el mundo. San Juan ve «un nuevo Cielo, una Tierra Nueva» (21,1), y dice que «El que estaba sentado sobre el Trono declaró: He aquí, yohago nuevas todas las cosas» (21,5). Este nuevo universo ya fue profetizado por San Pedro: «Bien que esoeramos cielos nuevos y tierra nueva, según sus promesas, en los cuales mora la justicia» (2 Pedro 3,13). (Véase el texto: «La Restauración Universal»).

La historia del Apocalipsis está dicha de manera simple y metódica. No fue revelada a San Juan de esta manera clara y ordenada, Dios quiso guardar el contenido secreto (Apocalipsis 5,1; 10,4) hasta el momento de la aparición de la Bestia, la víspera de la Vuelta del Cristo. Envió, entonces, a su mensajero para explicar todo: «Selles las palabras de la profecía de este libro, ya que el tiempo (de la Vuelta del Cristo) esta cerca» (22,10). Dios quiso este hermetismo para; «probar los habitantes del la tierra» antes de la Vuelta de Jesús (Apocalipsis 3,10-11).

Es así como el Cristo sondéa actualmente los corazones: «Yo soy el que escudriño los corazones y los riñones» dijo Jesús (Apocalipsis 2,23). Los elegidos son los que toman parte con la justicia, combatiendo con valor y determinación contra la Bestia, al precio de su vida propia. Ellos establecen - por su resistencia contra el Anticristo- el Reino de Dios y de su Cristo sobre la tierra:

«Ahora ha venido la salvacíon, y la virtud, y el reino de nuestro Dios, y el poder de su Cristo… porque el acusador (la Bestia) de nuestros hermanos (los dos testigos) ha sido arrojado… y ellos le han vencido por la sangre del Cordero, y por la palabra de su testimonio y no han amado su vida hasta la muerte» (Apocalipsis 12,10-11)

El Apocalipsis cuenta la historia del regreso de Israel, la Bestia, el Anticristo, y su condena definitiva. Su caída manifestará la potencia y la gloria del Mesías, Jesús de Nazarea, cuyo Reino permanecerá para siempre.

1.2. El Reino de Dios sobre la tierra

La septima trompeta resuena: anuncia el establecimiento del Reino de Dios y de Jesús sobre la tierra después de la caída del Anticristo:

«El séptimo Ángel tocó la trompeta, y fueron hechas grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: Y reinará para siempre jamas.» (Apocalipsis 11,15)

La Luz divina, apagada por el Dragón y la Bestia, esplenderá de nuevo en los corazones sedientos a la Verdad y el Amor. Vivirán con Dios en ellos y serán el Templo de Dios:

«Al vencedor le daré una piedra* blanca, en la que está grabado un nombre nuevo que nadie conoce, salvo aquel que lo recibe.» (Apocalipsis 2,17)

* Algunas Biblias traducen «guijarro blanco» en lugar de «piedra blanca». «Guijarro» es la traducción de la palabra griega «psyfon», el idioma en el que se escribió el Apocalipsis. Ahora bien, en griego esta palabra significa «guijarro» o «piedra». Es la palabra «piedra» la que hay que traducir (tal y como la traduce acertadamente la Biblia TOB, Traducción Ecuménica de la Biblia), ya que la palabra «guijarro» no puede servir para edificar una construcción.

La palabra «piedra» tiene una resonancia profética y evangélica que la palabra «guijarro» no evoca. Jesús, al decirle a Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mateo 16,18), consagró esta palabra. La retoma en el Apocalipsis para edificar su Iglesia inmaterial del fin de los tiempos. No se trata de un edificio material, sino que representa a los apóstoles del Apocalipsis, piedras de construcción del Templo Espiritual formado por ellos y por todos aquellos que creen en el mensaje apocalíptico tal y como lo reveló Jesús a su enviado. Estos, en efecto, son considerados «piedras vivas» del Templo Espiritual —no material— de la Jerusalén Celestial, de la que Jesús es la «piedra angular» (véase 1 Pedro 2,4-5: «Vosotros mismos, como piedras vivas…», 1 Corintios 3,16 / 6,13-20 / 2 Corintios 6,16 / Efesios 2,20).

En el Apocalipsis, Jesús también describe al creyente vencedor como «una columna en el templo de mi Dios» (Apocalipsis 3,12). El Apocalipsis confirma este nuevo orden mundial:

«Luego yo vi un nuevo Cielo y una nueva Tierra. El primer cielo y la primera tierra, desapareciéron, y el mar (la muerte del alma), ya ho es… Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de Vida gratuitamente… Seré su Dios y él será mi hijo… Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella,y el cordero… alli no habrá noche» (Apocalipsis 21)

«Y el que tiene sed venga: Y el que quiere tome del agua de la vida de balde» (Apocalipsis 22,17)

Padre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad sobre la tierra como al cielo. ¡Amén!

«¡Oh sí, ven Señor Jesús! ¡Amén!»

«El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias» (Apocalipsis 2,7)

Pierre (1978 / Revisado 2005)

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